La tensión

La tensión o diferencia de potencial entre dos puntos del campo eléctrico es la energía que este disipa al desplazar una carga eléctrica de valor unitario entre esos puntos. Su unidad de medida es el voltio (V).

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Junto con la frecuencia y la intensidad, la tensión eléctrica forma parte de las tres propiedades básicas del transporte de energía eléctrica, que han de estar en equilibrio desde el punto de origen hasta el punto de destino.

Según la regulación vigente, se considera alta tensión aquella que es superior a 1 kilovoltio (kV), mientras que se considera baja tensión la que es igual o menor. Sin embargo, en la jerga eléctrica y en la prensa, se utilizan otras clasificaciones o denominaciones. Así, en España, se suele conocer como media tensión el intervalo de la alta tensión legal hasta 36 kV. Incluso se habla de muy alta tensión para los niveles más altos de la red de transporte (400 kV en España).

El consumo doméstico se realiza generalmente en baja tensión, que, en España, incluye los niveles de 230 y 400 V. Para llegar a los hogares, la tensión eléctrica va disminuyendo desde el nivel utilizado en la red de transporte –que es de 220 o 400 kV en la Península y de 66, 132 o 220 kV en los sistemas no peninsulares-, a través de varios niveles de tensión en la red de distribución, hasta llegar a la tensión para consumo final. Para disminuir o aumentar la tensión, se emplean transformadores.

La producción de energía eléctrica se incorpora a la red en diferentes tensiones; sin embargo, la utilización de tensiones altas comporta ventajas técnicas y económicas, ya que reduce las pérdidas durante su transporte, por lo que la mayor parte de la generación se conecta a la red de transporte o a los niveles superiores de la red de distribución.

Los niveles de conexión mayoritarios de los generadores suelen estar asociados a la tensión de la red de transporte, que es diferente para los sistemas no peninsulares, cuyas menores distancias justifican niveles de tensión más bajos para esta función. Así, en el sistema peninsular español, la mayor parte de la generación está conectada a 220 o 400 kV. Sin embargo, para los sistemas no peninsulares, que son más reducidos, la red de transporte alcanza el nivel de 220 kV en las islas más grandes (Mallorca, Gran Canaria, Tenerife) y se queda en 132kV o incluso 66 kV en el resto, dependiendo de su tamaño.

El equilibrio permanente que requiere el sistema eléctrico también impone estrechos márgenes en los niveles de tensión de las líneas y las subestaciones, que deben ser supervisados constantemente.

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